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SE INTERCAMBIAN PAREJAS -relato-
« en: 01 Noviembre 2005, 15:50 »


?Bienvenidos! Adelante, por favor". La puerta se cierra y se descubre un ambiente de luz tenue, calor y ruido apagado de m?sica y voces. Paco R., uno de los due?os de Deseo, saluda amistosamente a unos clientes. "Sentaos, por favor, enseguida estoy con vosotros", les dice. La pareja recorre la antesala y la barra del bar, en la que se apoyan varios hombres solitarios cuyos ojos les siguen hasta que atraviesan una celos?a.

Una vez dentro, en la zona de copas, los nuevos clientes se encuentran con varias parejas de entre 40 y 50 a?os. Ellos, con trajes oscuros y ellas, vestidas para matar: medias, ligas, faldas cortas y tacones altos.


Una de las mujeres ya est? en sujetador (negro con incrustaciones plateadas, parece m?s bien el top de una trapecista) y se acomoda sobre las rodillas de su marido; otra pareja se est? besando m?s que apasionadamente. Los dem?s est?n tranquilamente sentados, mirando a su alrededor y valorando cu?l de las otras parejas podr?a ser de su gusto. Es la una de la madrugada.

Paco se acerca de nuevo. "Son 6.000 pesetas que os dan derecho a dos copas cada uno y a estar el tiempo que os apetezca. Si quer?is, os ense?o el local", propone. Poco a poco, los nuevos clientes van descubriendo este "pub privado de ambiente liberal", uno de los diez que existen en Madrid y de los 60 que se reparten por toda Espa?a. En Barcelona hay 14; en Alicante y M?laga, cinco; en Sevilla, Valencia y Galicia, cuatro; dos en Murcia; uno en Asturias, Canarias, C?rdoba, C?diz, Valladolid... A ellos acuden parejas en busca de otras personas que quieran practicar y compartir con ellos "sexo libre y no obligatorio".

As? lo explica Pepi, due?a y relaciones p?blicas de Trivial, con tono y gesto parecido al de las azafatas que detallan las medidas de seguridad en los aviones: "Si alguien pone la mano sobre vosotros, est? intentando hacer contacto. Pod?is decir s?, por favor o no, gracias. Si no quer?is, nadie insistir?. La gente es muy respetuosa y educada". Ella y su marido Jes?s montaron este local hace cinco a?os y parece que las cosas marchan bien, porque todos los fines de semana se llena a rebosar. La discreci?n es la norma y hay reglas de conducta muy estrictas, no escritas en ninguna parte, pero que todo el mundo cumple. Seg?n Higinio, gerente de Garden Priv?, "aqu? nunca hay l?os ni sucede nada desagradable; las discotecas tienen peor ambiente porque los que quieren ligar son muy pesados e insisten una y otra vez. Aqu?, si t? no quieres, nadie te molesta".

Francisco Javier Hern?ndez, director de Lib Internacional, la revista oficial de los locales de intercambio, opina que "la gente tiene muchos prejuicios, pero muy poca informaci?n sobre lo que sucede. Seg?n mi experiencia, hay dos tipos de parejas: aqu?llas en las que una de las partes viene forzada, obedeciendo a los deseos del otro, normalmente el hombre, y que suelen acabar separ?ndose; y las que vienen de com?n acuerdo a disfrutar con otra gente de ideas parecidas. Estas ?ltimas crean un v?nculo muy fuerte de complicidad".

No es ninguna novedad.

Estos ambientes han existido siempre, de una manera muy privada y discreta. "La moda del intercambio viene desde Holanda a trav?s de Francia, donde est? muy extendida. All? existe un complejo vacacional enteramente dedicado a esto, llamado Cap D'Adge, con 50.000 plazas hoteleras y locales enormes. Uno de ellos, L'Extasia, llega a acoger a 1.000 parejas en cada fiesta. Antes en Espa?a, la gente se reun?a privadamente en pisos y casas de campo; se hizo muy famoso un chal? que hab?a en Aravaca", explica Francisco Javier Hern?ndez.
La apertura del primer local de Madrid, Forum, se debe a Ra?l F., que lo inaugur? en 1982. Despu?s se convirti? en Canas y ahora es Acuarela. "No hago esto por negocio, sino por afici?n", afirma. C?lido, Frenes?, Atr?vete, Kisses, Cupido, Nuevo Hor?scopo, Arabella, C?mplices, Sue?os? Muchos de estos locales son negocios familiares cuyos due?os sol?an frecuentar el ambiente. Ana y Guillermo son due?os de Encuentros y Momentos, y con ellos trabajan tres de sus hijos, adem?s de Pilar, la hermana de Ana. "Tenemos clientes de muy alto nivel: pol?ticos, jueces, periodistas y, en general gente muy discreta y educada", comenta Ana. Ella y su marido llevan 13 a?os en este negocio, cuidan mucho las relaciones p?blicas y organizan fiestas privadas para sus clientes. En sus locales, que tienen licencia municipal como "c?rculo privado de ambiente liberal con hidromasaje", se juegan habitualmente partidas de strip-poker: seg?n las normas del infantil juego de las prendas, pero llegando tan lejos como a cada uno le apetezca. Todos los locales organizan fiestas: la hora oscura, en la que se apagan las luces y todo est? permitido, fiesta de la lencer?a, de la zambomba, de la ca?da de la hoja...

El 90% de la clientela es fija. Francisco Javier Hern?ndez, que tiene una amplia base de datos gracias a la secci?n de contactos de sus revistas, estima que "en Madrid habr? unas 800 parejas que son habituales; la edad media andar? por los 40 y muchos, aunque cada vez se apunta m?s gente joven". Si Limusina es el local m?s grande de Barcelona, en Madrid ese honor le corresponde a Garden Priv?, que tiene una superficie de 400 m2, 80 m2 de camas, una cama redonda de 30 m2, jacuzzi, cadenas para atarse a la pared y una galer?a del morbo que consiste en pista de baile, cuarto oscuro y sillones de dentista y ginec?logo.

Algunos opinan que los que intercambian parejas o se acuestan con la suya en p?blico son liberales; otros piensan que todo el asunto es s?rdido y que quienes lo practican est?n desequilibrados. Hay quien no acudir?a nunca a este tipo de locales y quien est? deseando ir. Para Juan Jos? Borr?s, sex?logo y director del Instituto Espil de sexolog?a de Valencia, "las parejas pueden encontrar que este tipo de experiencias crea una fuerte sensaci?n de complicidad que les vincula entre s?, aunque no es un elemento f?cil de manejar. Tambi?n es posible que recurran al intercambio como una huida hacia delante cuando se tienen problemas en la esfera de lo ?ntimo. Pero una pareja que disfruta haciendo el amor no se averg?enza de ello, y si todo es libremente asumido por ambas partes, puede resultar hasta pedag?gico".

Este es un viaje por las cinco actividades que se practican en estos lugares -mirar, exhibirse, relacionarse en tr?os, cambiar parejas y tocar/ser tocado-, que para no pocos representan la sodoma y gomorra del siglo XXI.

MIRONES

En la zona de copas de Deseo, una pareja joven atrae la atenci?n de otros clientes: el hombre ha situado a su novia con las medias bajadas en una comprometida postura a la vista de otras seis u ocho parejas que les observan. ?l la est? acariciando y la expone delante de los dem?s. La chica gira la cabeza de vez en cuando y mira a los otros que la observan. Su novio disfruta tanto de las caricias de ella como de la atenci?n del resto de las parejas.

Los mirones no s?lo miran. Una pareja ha cogido dos sillas y est?n sentados uno al lado del otro, como si estuviesen en el teatro contemplando un espect?culo. Sus manos est?n muy activas. Otro hombre ha colocado a su mujer de espaldas a ?l para que ambos puedan mirar y excitarse; varias parejas empiezan a acariciarse. Nadie habla, s?lo se oyen suspiros. Cuando los protagonistas terminan, la escena se deshace.

Algunos s?lo van a tomarse una copa y no participan en nada. Se estimulan mirando a los dem?s y eso puede animarles a hacer cosas con su propia pareja. Lidia y Gonzalo llevan 13 a?os casados y son conscientes de que su matrimonio no es muy apasionado; desde hace cinco vienen una o dos veces al mes. Les da cierto reparo mezclarse con otras personas, pero reconocen que les encanta mirar. "S?lo ver las ligas de las mujeres me vuelve loco. Saber que vienen aqu? dispuestas a que las miren sin ning?n tipo de reparos me da un morbazo tremendo", confiesa Gonzalo.

No todas las noches son iguales y el ambiente puede resultar m?s o menos caldeado dependiendo de la gente que haya y de lo que les apetezca hacer. A diario suele haber entre cinco y diez parejas por local, y es normal que los fines de semana se junten 40 por noche. Seg?n Lidia, "hay veces que no se ve nada especial y, en otras ocasiones, todos est?n con todos y te tiras aqu? hasta muy tarde". Su marido a?ade: "Cuando estamos solos en casa recordamos todas las cosas que hemos visto aqu? y nos las contamos uno a otro para excitarnos".

TRIOS

Los s?bados es s?lo para parejas, pero los dem?s d?as pueden venir tr?os y hombres solos", explica Pilar, la relaciones p?blicas de Encuentros. Eso s?, los hombres que vienen sin pareja tienen muy limitada su capacidad de movimiento, porque nunca pueden ir m?s all? de las celos?as que protegen las zonas privadas. "Esto es la jaula del morbo. Aqu? entra una pareja y a trav?s de estos agujeros, los hombres pueden meter las manos y tocarles mientras bailan. Se lo pasan b?rbaro". Adem?s de meter mano en la jaula del morbo, los solitarios vienen con la esperanza de ser escogidos por una pareja y formar un tr?o; s?lo as? podr?n traspasar las fronteras que de otro modo tienen prohibidas. "Algunos son solteros, pero otros est?n aqu? a escondidas de su mujer", comenta Paco, uno de los due?os de Deseo.


Si tienen menos de 25 a?os, los hombres que vienen sin pareja reciben el nombre de petit-suisse, son danones hasta los 31 y cuajada a partir de esa edad. Jos? es cuajada y muchas veces se va de vac?o. "Vengo a lo que caiga, pero lo m?s morboso de los tr?os est? en que sea otro hombre el que venga y te pida que hagas cosas con su mujer". Un var?n de unos 50 a?os se acerca a Jos?, le dice que su compa?era se ha fijado en ?l y le propone unirse a ellos. "Ella no me gusta mucho", confiesa. "Pero me encanta que me lo pida su marido". Ella tendr? 45 a?os, est? bastante entrada en carnes y lleva top y minifalda muy ajustados. Es precisamente al desnudarse cuando recupera el aspecto de gastada ama de casa; le pide a Jos? que se quite la ropa y le acaricia con sus pechos. Su marido se ocupa de ella mientras la insulta en voz baja.

La fantas?a masculina de ver a la propia compa?era con otros hombres es muy corriente. "Yo no tengo mucho inter?s en estar con mujeres, a m? lo que me gusta es ver a la m?a disfrutar con otros hombres", comenta Arturo. Daniel tampoco tiene excesivo inter?s en acostarse con mujeres distintas y prefiere mirar a su novia con otras chicas. "A m? me encanta la facilidad que tienen las mujeres para enrollarse entre s?, les sale muy natural", comenta. "Sol?a venir con una chica que se aficion? tanto a las mujeres, que se asust? y tuvo que dejarlo".

Seg?n comenta Paco, son mucho m?s frecuentes los tr?os con dos hombres que con dos mujeres. "Una mujer puede satisfacer mejor a dos hombres que al rev?s. Adem?s, es muy raro que vengan mujeres solas y si las ves, hay que desconfiar porque suelen ser ganchos". Las prostitutas no son bienvenidas, aunque algunos hombres las contratan para que les acompa?en. Si son detectadas, se les invita inmediatamente a marcharse. "Yo desconf?o de las parejas que usan cond?n", dice Arturo, uno de los clientes. Adem?s, las prostitutas no dan morbo en estos ambientes, donde lo suyo es echar un vistazo a las mujeres leg?timas de los otros. Seg?n Pilar, de Encuentros, "a nuestro local s? vienen chicas solas y, como hay muchos m?s hombres, algunas de ellas se van encantadas despu?s de haber estado con varios chicos muy guapos. Yo me encargo de presentarles y de que nadie se sienta avasallado".

EXHIBICIONISTAS

Viendo a la gente desnuda es dif?cil hacerse una composici?n de su procedencia social, aunque la manera de hablar siempre aporta datos. "A nuestro local viene gente entre 25 y 55 a?os, aunque la mayor?a va de 35 a 50", informa Paco, de Deseo. "Suelen ser parejas estables, pero tambi?n hay hombres que dejan a la mujer en casa y vienen con sus amigas. La clase social es media, media-alta". El tipo de p?blico var?a de unos locales a otros porque la gente acaba sinti?ndose a gusto entre iguales. En algunos sitios no hay quien baje de 40 y hay quien ya no cumplir? 60. Los cuerpos de todos corresponden a sus edades. Con determinada luz, todos los gatos son pardos...


Robert y Lola tienen alrededor de 40 a?os y son clientes habituales. Ella frecuentaba estos bares antes de conocer a Robert y fue la que le introdujo en el ambiente. Es una pareja atractiva, simp?tica y habladora, a la que le gusta montar espect?culos y sentirse el centro de atenci?n. "Una de las cosas m?s divertidas que hemos hecho fue empezar a hacer el amor en el cuarto de ba?o, con gritos y gemidos, escandalizando mucho. Poco a poco, fue llegando gente a mirarnos y algunos hombres empezaron a acariciarme.

Adem?s est?bamos muy expuestos, porque en el ba?o hay mucha luz", relata Lola. "Cuando les cuento a mis amigas las cosas que hago aqu? sienten mucha curiosidad y no se lo pueden creer del todo". Robert es solicitado frecuentemente por otras mujeres y se siente muy orgulloso de ello. A Lola, feliz de poseer un buen ejemplar masculino codiciado por las dem?s, tambi?n le halaga el inter?s que despierta su novio. "A veces siento celos si me parece que a ?l le gusta demasiado otra mujer", confiesa. "Nos enfadamos y lo pasamos mal, pero intentamos superarlo". A Robert no le importa nada ver a Lola con otros hombres, pero no puede soportar que hable con ellos. Despu?s de charlar un rato, se quita las bragas y llama a Paco para que se las guarde en el bolso.

INTERCAMBIOS

El comentario general es "esto da mucho morbo". Las parejas se observan entre s?, buscan otra que les guste y se ponen en contacto, tomando una copa juntos o acarici?ndose en la pista de baile. Entre ellos hay risas, pero suelen ser un poco tensas. En la cama redonda de Garden Priv?, dos parejas -a las que enseguida se a?ade una tercera- ya han pasado a la acci?n. Las manos se entrecruzan siguiendo el ritmo de las caderas en movimiento y ya no es posible saber qui?n es la pareja de qui?n. Daniel es un hombre de negocios de 43 a?os que vive con su madre y que visita habitualmente estos locales; ha venido a ellos con todas las parejas que ha tenido. "Antes de propon?rselo a una novia, espero tres o cuatro meses. No me quiero precipitar para que no se asusten, pero tampoco espero mucho m?s, porque cuando empieza la relaci?n las mujeres est?n m?s dispuestas a hacer cosas por ti, y luego ya no tanto. La verdad es que al principio nunca quieren y vienen un poco forzadas, pero luego se enganchan y son ellas las que piden repetir".

Una de las razones por las que muchas mujeres se tranquilizan y vuelven es porque el intercambio propiamente dicho no es la ?nica posibilidad. Estos locales parecen servir de extensi?n al dom?stico lecho matrimonial y las parejas vienen con la intenci?n de a?adir nuevos ingredientes a su relaci?n sexual, pero no con el objetivo ?nico y espec?fico de acostarse con otras personas. Los relaciones p?blicas acaban conociendo los gustos de sus clientes y facilitan el encuentro y la charla de parejas que pueden resultar afines. Muchas de ?stas se marcan sus propias normas y l?mites y el m?s frecuente de ?stos es no besar y no penetrar a otros.

Arturo es cirujano del aparato digestivo y Rosi, administrativa. Llevan 19 a?os casados. Su matrimonio estaba a punto de naufragar de puro aburrimiento hasta que a Arturo se le ocurri? recurrir a este tipo de experiencia. A Rosi le cost? mucho aceptar. "Lo pas? muy mal, pero tem?a que si dec?a que no, mi marido lo har?a por su cuenta. Las primeras veces fueron muy duras". Ahora todo eso ya ha pasado y visitan estos locales casi todos los fines de semana. De hecho, sus padres, sus hijos y algunos amigos saben que frecuentan este "ambiente liberal". "El sexo est? para disfrutarlo de todas las maneras posibles", comenta Arturo. "A todo el mundo le encantar?a intercambiar parejas de vez en cuando, pero ni se atreven a hacerlo, ni tampoco a reconocerlo ante s? mismos". Aun as?, Arturo y Rosi prefieren no dejar demasiado sueltos los lazos de su liberalidad; acuden siempre juntos a los locales de intercambio y no se les ocurrir?a tener amantes a escondidas de su respectivo c?nyuge.

En Deseo, Paco es el ?nico que permanece sereno y completamente vestido; entra y sale, retirando vasos vac?os y poniendo copas nuevas. Enciende el aire acondicionado y uno de sus clientes se distrae moment?neamente de su tarea: "Hombre, Paco, se agradece, nos est?bamos asando?", y prosigue tan tranquilo. Cuando las parejas terminan, se ponen a hablar relajadamente, como si estuvieran tomando caf? en el sal?n de su casa, s?lo que desnudos. "A principio de curso esto flojea un poco," comenta Paco en una de sus idas y venidas. "Porque los matrimonios tienen que pagar los libros y los uniformes del colegio".

TOC?N

En la pista de Deseo, cerrada por cortinas, las parejas bailan mientras los hombres levantan las faldas de sus mujeres. Manos ajenas, femeninas y masculinas, se alargan para acariciar las redondeces que, enmarcadas por tangas y ligas, se ofrecen a la vista.


Unas empinadas escaleras conducen a otra habitaci?n. Una de las paredes est? acristalada y a trav?s de ella es posible ver lo que sucede abajo. Una televisi?n muestra pel?culas porno, pero igual que en La rosa p?rpura de El Cairo, no est? muy claro qu? queda dentro de la pantalla o fuera de ella. Aqu? hay c?modos sof?s y en uno de ellos un hombre de 50 a?os ha desnudado de cintura para abajo a la chica que le acompa?a y la acaricia. Otra pareja se acerca y ya son tres pares de manos sobre la piel de la mujer. Algo en sus movimientos y gemidos delata que su placer se mezcla con cierta angustia, o tal vez sea esa angustia lo que le produce placer.

En sus bacanales, nuestros sabios antepasados griegos sol?an emborracharse y despu?s decidir si organizaban una org?a o se dedicaban a filosofar. Tal vez consideraban que ambas actividades ten?an la misma trascendencia y probablemente tuvieran raz?n. Como dice el sex?logo Juan Jos? Borr?s, "en el sexo, como en todo lo dem?s, lo mejor que nos puede pasar es tener la oportunidad de elegir en libertad".

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...Al que diga la verdad debéis regalarle un caballo. Lo necesitará para huir.
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Proverbio Persa


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